Sigue sonando, cómo se supone que duerma si sique sonando, me habla. ¡Cállate! Quiero dormir. ¡No estoy loca, vete! Pero sigue sonando y estoy perdiendo la paciencia. Uno, dos, tres, palabras, frases, oraciones. ¡JaJa! Te callaste. Inmovil. Te maté Te llevé a la historia. No soy asesina, no estoy loca tengo silencio y calma. Dormí.
A ti te debo un verso, no por sueño ni memoria por futuro te lo debo. Vete por el cielo, yo te he visto tocar el sol y apagarlo si te antojas. Correte del tiempo, es injusto si demora.
Escúchame intranquilo que los ojos no tienen boca pero hablan y filudas mentiras que pronuncian. Bailemos, bailemos entre ellas, con ellas La virtud del sordo y ciego y mudo. Quédate tranquilo. Inmóvil. Despedido
Me duplico,
me triplico,
me divido
Perdida en negro
selva de mentiras, destino
Ayer no apareciste en mi memoria
me enredo en ti, asesino. Piérdeme, vuélveme gris
atrás te espero,
un minuto en el día, a veces desapareces
te veo, te enredo, te miento.
Azul tranquilo
delicia tu no existes,
lo siento.
Se despidió de mi con un beso en la mejilla, rozó su mano con la mía y dio media vuelta. Caminó sin detenerse, sin mirar atrás. Una lágrima se deslizó por donde aquel ultimo beso había dejado huella, sentí la puerta cerrarse detrás de él. Se fue.
Martes Nos encontramos en el lugar acordado, a la hora acordada. Nos dirigimos al lugar muchas horas antes del evento planeado. Cuando llegamos aquí eran aproximadamente las 3 de la tarde, arreglamos un poco el lugar, guardamos las compras y cuando todo parecía listo decidimos sentarnos a ver una película, habíamos terminado las cosas antes de lo planeado y aun nos quedaba suficiente tiempo antes que llegaran las demás personas. A pesar de la falta de sol, el calor si se sentía, dejé de ver la película para tomar un baño y dejé a ambos en la sala frente a la pantalla del televisor. Demoré un poco en la ducha, la sensación del agua fría era relajante. La serenidad ante tan tensa situación para mi era difícil de sostener, pero era necesaria. Salí del baño hacia mi cuarto, quizá por costumbre, o simplemente distracción olvidé cerrar la puerta, estaba casi cerrada, abierta solo por un espacio de probablemente 2 centímetros. Me encontraba inmersa en pensamientos absurdos y conversaciones inexistentes cuando sentí que se abría la puerta. Voltee esperando encontrar el rostro de ella probablemente viniendo a pedir algo pero me encontré con él, su rostro avergonzado, su porte firme, cabello claro, mirada profunda. La situación era extraña, una persona a la que no logro terminar de conocer se aparece en la puerta de mi cuarto y yo me encuentro a medio vestir. Le sonreí. -Disculpa, no sabía que.. -No te preocupes, ¿qué pasa?¿dónde está? -La llamaron, tuvo que irse. Dijo que regresaba en un rato, que te ayude a terminar lo que falta. Cuando terminó de pronunciar estas palabras tuve una sensación extraña, una suerte de escalofrío. Me di cuenta que había avanzado un par de pasos hacia él inconscientemente. Él sonrió, que inusual, dijo. -Solo un poco- dió dos pasos hacia mi, mi voz tembló- algo original espero- terminé de pronunciar. Para cuando terminé la frase, me econtraba parada justo delande de él, fije la mirada para ver su rosto, me ví, era un reflejo en sus ojos, sus labios, su respiración. Su mano subió lentamente por mi brazo, acarició mi cuello mientras una tibia sensación me invadía, podía sentir su respiración en mi rostro, sus labios rozar los mios, un temblor en su pecho. Enrredé mis brazos en su cuello, mis dedos recorian su cabello, lo sentí mio, solo mio, aunque fuese por un momento. Su respiración se aceleró, sus besos se hicieron más intensos, él avanzaba, yo retrocedía, tan sincronizados que parecía una especie de vals antiguo. Caí , sentí su peso sobre mi torso casi desnudo, empujandome suavemente hacia atrás. Sentía la presión de su cuerpo sobre el mio, su mano recorría suavemente mi cintura. Solo ambos existiamos en este mundo, el tiempo y el espacio no eran nada, solo amor. Mis manos lo acercaban más a mi, acariciaba su espalda, veía en mi mente su piel, como si fuera ciega y tratara de reconocer aquel ser que estaba amando, piel con piel, sus besos bajaban por mi cuello, me estremecía, sus manos me rrecorrían entera. Extasiada, sus besos eran mi droga predilecta. La sincronización era perfecta, todo en un mismo ritmo, un mismo latído. Sentí mi corazón desgarrarse, romperse en mil. Grité de cólera, de frustración, de saber que aquel momento no era mas que una jugada del destino para no dejarme tranquila, que lo que vivía ahora era algo que no podría volver a tener. No se cuanto tiempo anduve perdida, ni cuanto más presente, cada cual sin saber que pasaría despues. Él se movió primero, se sentó al borde de la cama, de espaldas a mi, y yo de espaldas a él aún inmovil. Me incorpore lentamente. Se paró frente a mí, se agachó de manera que sus ojos quedaran justo frente a los mios. Te quiero, me dijo sin pronunciar palabra, te quiero quise escuchar. Cerré los ojos y me rompí en silencio, grité para mis adentros, desaparecí.
Se despidió de mi con un beso en la mejilla, rozó su mano con la mía y dio media vuelta. Caminó sin detenerse, sin mirar atrás. Una lágrima se deslizó por donde aquel último beso había dejado huella, sentí la puerta cerrarse detrás de él. Se fue.